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sábado, 8 de septiembre de 2012

"Ser hombre" según el patriarcado

x Danilo Castelli

El modelo patriarcal de masculinidad tiene cuatro mandatos: ser proveedores, protectores, procreadores, y autosuficientes.

El mandato de ser proveedores nos lleva a refugiarnos en el trabajo y abandonar otros aspectos de nuestro desarrollo personal (esto se nota en las conversaciones); si no "paramos la olla" caeremos en la depresión, la autodestrucción y la violencia. El mandato de ser protector
es nos lleva a exponernos a situaciones violentas y de riesgo para demostrar que tenemos "huevos"; si "arrugamos" los demás nos verán como "maricones". El mandato de ser procreadores nos lleva a la obsesión por probar constantemente nuestra potencia sexual y a valorar más la cantidad sobre la calidad en las relaciones; si no "la ponemos" o no "funcionamos" dudaremos de nuestra virilidad. El mandato de ser autosuficientes nos lleva a sostener una imagen de que nos la bancamos solos, causando temor a pedir ayuda y a hablar de nuestras dudas e inseguridades; si no "aguantamos" nos verán como débiles y/o afeminados (que en lenguaje patriarcal son sinónimos).

El precio de los "privilegios" conseguidos sometiéndonos a este modelo, es la auto-mutilación de nuestro desarrollo personal. Vivir una vida siempre "en guardia" y pendiente de nuestra auto-imagen, estar emocionalmente ausentes para nuestrxs hijxs, ser robots incapaces de hablar de otra cosa que no sean temas "seguros" donde no arriesguemos nada emocionalmente, encausar nuestra afectividad y sensibilidad reprimidas en adicciones, violencia por la sola violencia, comportamientos autodestructivos, materialismo.

El desafío que tenemos por delante los varones que queremos librarnos de este modelo para desarrollar libremente nuestra individualidad es el mismo que el que han debido afrontar las mujeres que han cuestionado los mandatos del patriarcado para su sexo. Des-patriarcalizar la educación y las relaciones interpersonales, cuestionar el machismo en la cultura y promover una cultura de equidad y aceptación de la diversidad, saber lidiar con la presión de nuestro entorno para que nos ajustemos al modelo hegemónico, y organizarnos para conseguir las reformas sociales que sea necesario hacer (por ejemplo, igualar la licencia de paternidad a la de maternidad).

domingo, 5 de diciembre de 2010

La micro-ética

Esta sociedad del espectáculo nos impele a que nuestra atención y nuestro juicio se dirija a aquello que nosotros hemos creado de manera alienante y ahora se nos presenta como algo extraño y autónomo, como si se hubiera creado a sí mismo.

Así pasa, por ejemplo, con los casos de corrupción en el ámbito político, morbosamente reproducidos por los mass media. Se nos insta a que nos escandalicemos porque tal político recibió un sobre por votar tal ley favorable a determinado grupo de intereses. Esto tiene el doble efecto de que opinemos sobre la parte y no sobre el todo (el régimen político en el cual la corrupción es inherente no por la calidad moral de sus integrantes, sino por su misma estructura, que sirve a un sistema social donde una minoría explota a la mayoría), y que tengamos la mediocre satisfacción de erigirnos en jueces y verdugos de los corruptos expuestos por la cámara mediática, en vez de dirigir la mirada a otra parte: a nosotros mismos.

Obviamente, se puede hacer muchísimo más mal a la sociedad desde una posición de poder que desde la posición de persona común. Sólo a un nivel muy abstracto puede compararse la corrupción del funcionario y la coima a un policía para que no nos cobre una multa. La macro-corrupción y la micro-corrupción no pueden juzgarse de la misma manera, desde la super-ética kantiana del imperativo categórico. Pero eso no es excusa para ignorar la micro-corrupción y para no trabajar por una micro-ética, la ética de la vida cotidiana. Una ética para personas reales, de carne y hueso, con sus limitaciones y sus defectos.

Este artículo trata esa cuestión:

Micro ética o la modificación consciente de la vida cotidiana