x Danilo CastelliEs la madrugada del domingo 27 de enero y vengo de una marcha/festival ambientalista que se hizo en Cosquín, en paralelo al festival oficial (al cual le queda algo de popular, pero también tiene mucho de careta).Es muy motivador ver a artistas comprometidos con las luchas por la tierra, el agua, y la vida. Algunos de esos artistas, también tocaban en la Próspero Molina. Entre los números, se leían adhesiones de los colectivos ambientalistas presentes, la mitad de Córdoba y la mitad de otros lugares del país. Estuvo la gente de la asamblea de Malvinas Argentinas, que lucha contra la instalación de la planta de Monsanto, apoyada tanto por el gobernador De la Sota como por la presidente Fernandez (contrincantes para las cámaras pero aliados para lamer botas de las multinacionales). También se mencionó al Famatina que sigue resistiendo, a la gente de los pueblos fumigados, a la gente de Entre Ríos que lucha contra la venida del fracking, una nueva forma de saquear y contaminar realizada por la multinacional Chevron, que también viene de la mano del gobierno nacional.Hay un fantasma que recorre a Argentina y a América Latina, y es el fantasma del ecologismo. Este fantasma crece todos los años porque se compone de la gente que va despertando a la acción por las consecuencias socio-ambientales de la depredación y el saqueo de nuestra tierra. Este movimiento está compuesto por gente común, que trabaja, estudia, tiene hijos, etc. Pero como creemos que el agua vale más que el oro y los bosques más que la soja, somos hippies. Como a nosotros ya no nos pueden vender el cuento del progreso y hablamos de respetar y cuidar a la Madre Tierra, somos fundamentalistas. Como luchamos para proteger nuestros bienes comunes contra los intereses del agronegocio, del extractivismo, y del "desarrollo" inmobiliario, somos terroristas. Como sabemos sumar 2+2 y hacer generalizaciones a partir de lo particular en vez de dejarnos lobotomizar por los medios, somos fanáticos. Como somos críticos del modelo sojero/extractivista y de la civilización capitalista y somos partidarios de los derechos humanos y de la sustentabilidad, somos utópicos.Todos estos epítetos con los que se nos quiere ridiculizar, marginar, y presentar como cucos a la opinión pública son eufemismos. La realidad es que somos peligrosos, somos un mal ejemplo. Porque ellos quieren gente adormecida, resignada, que no piense, que no luche, de rodillas. Y nosotros le escupimos el asado :)
Somos un grupo de vecinos movilizados para debatir y accionar sobre la realidad social de Villa Carlos Paz. Promovemos una cultura de protagonismo ciudadano y compromiso comunitario, basada en que las personas tomen sus asuntos comunes en sus propias manos y en reestablecer los lazos sociales entre los vecinos.
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lunes, 28 de enero de 2013
Somos los talibanes ecologistas
viernes, 30 de noviembre de 2012
Pensamientos sobre el terrorismo de Estado HOY
Por Danilo Castelli
El anarquista ruso Bakunin dijo que todo Estado es imperialista según la medida de sus fuerzas. A eso le agrego que todo Estado es terrorista según la medida de sus necesidades.
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El terrorismo moderno no fue inaugurado por subversivos pone-bombas, sino por los jacobinos desde su Comité de Salvación Pública para despachar a quienes veían como amenaza -por izquierda o por derecha- a su dictadura. Esto fue en la revolución francesa, a finales del siglo XVIII. El terrorismo original es el de Estado. El peor terrorismo sigue siendo el del Estado.
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En Argentina las comunidades indígenas y los movimientos campesinos están bajo un regular hostigamiento estatal y paraestatal (con asesinatos y secuestros incluidos). La clase obrera urbana también sufre represión policial o "tercerizada" (patotas, barrabravas), sobre todo si se autoorganiza por fuera de las podridas estructuras sindicales tradicionales. Se ha aprobado una ley antiterrorista para disciplinar a las asambleas ciudadanas que están surgiendo en defensa de la vida digna y el ambiente. Se legitima abiertamente el Proyecto X de Gendarmería para espiar e infiltrar a los movimientos sociales.
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Un examen lúcido del terrorismo de Estado de la dictadura del 76-83 lleva a concluir que esa guerra contrarrevolucionaria fue necesaria para imponer un modelo de país a medida de los ricos (nacionales y extranjeros) y para neutralizar a las fuerzas populares que lo resistirían y que tenían proyectos alternativos. Una conclusión similar se desprende analizando el terrorismo de Estado de hoy: es necesario para imponer un modelo de país a medida de las transnacionales del agronegocio y el extractivismo, y de las grandes empresas que necesitan un abaratamiento aun mayor de la mano de obra para ser competitivas. Cualquiera que gobierne aceptando este programa político de la clase dominante, va a necesitar de una estrategia para neutralizar la resistencia popular a la privatización de los bienes comunes, al avance de la frontera agropecuaria sobre tierras habitadas o reservas ecológicas, y a la precarización laboral. Como dice la mafia: no es nada personal, son negocios.
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El kirchnerismo ha sido muy hábil para ejecutar su estrategia represiva combinando cooptación de organizaciones y dirigentes sociales, aislamiento y demonización de los sectores no cooptables, enfrentamiento entre pobres, y fragmentación entre los sectores medios y otros sectores populares en lucha y/o marginados. También ha sido lo bastante hábil para emplear la fuerza bruta ya sea directamente, de manera tercerizada, o a través de gobernadores/intendentes, sin pagar un gran costo político. Esto último tiene que agradecérselo a la complicidad de los sectores medios antiK -que hacen grandes esfuerzos por correr a este gobierno por derecha- y al macrismo, radicalismo, pejotismo disidente, y binnerismo -que reprimen y han reprimido igual o peor que el kirchnerismo.
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El kirchnerismo ha propiciado, tanto en su ala de derecha como en su ala progre, la re-emergencia del elemento fascista dentro del peronismo: todo lo que esté fuera del Movimiento es ajeno al Pueblo y contrario a la Nación. Osvaldo Bayer es el ejemplo de cómo el tilde de "gorila" le cabe a cualquiera que saque los pies del plato en el ámbito de los DDHH-K, por más tímida que sea su crítica al oficialismo. El discurso que el oficialismo promueve a través de 678 es la amalgama de todo sector crítico en un invento llamado "la oposición"
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La historia de los Qom y de su cacique Felix Diaz es el gran ejemplo del doble discurso (y doble acción) del kirchnerismo/cristinismo respecto a los derechos humanos. Personas como Nora Cortiñas valen oro por seguir inclaudicablemente en todas las causas de derechos humanos, independientemente de su conveniencia política para el oficialismo.
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Hablar del terrorismo de Estado como algo que empezó el 24 de marzo de 1976 es falaz. Primero porque el gobierno peronista ya venía practicándolo de manera muy entusiasta, con Perón y sin él. Segundo porque el terrorismo de Estado es algo que sigue pasando y seguirá pasando mientras el Estado argentino siga siendo una estructura diseñada para mantener un arriba y un abajo.
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La represión es una NECESIDAD de la clase dominante para mantener el poder. Es inútil seguir explotando la indignación moral acerca de lo malos que son los de arriba y sus esclavos de uniforme y lo buenos y justos que somos los de abajo si eso no lleva a reflexionar sobre el programa político que quieren implementar los gobernantes y sobre el sistema social en su conjunto.
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Quienes nos gobiernan y quienes nos gobernarán según los parámetros de este sistema no son inmorales, están procediendo según su moral: la de los de arriba, donde el poder y el dinero siempre son más importantes que la vida y la dignidad. Los de arriba son una mafia y es inútil esperar que tengan nuestras mismas reacciones humanas cuando están totalmente alienados de las personas comunes. Descartando los momentos en que abandonan su rol de gestores de nuestra explotación y dominación, solo pueden relacionarse con nosotros mediante su ingeniería social o si voluntariamente ocupamos el lugar de sus súbditos. Las perspectivas de "educar al soberano" demostraron su fracaso en el mismo siglo en que fueron creadas: a los soberanos se los educó a fuerza de revoluciones.
lunes, 15 de octubre de 2012
Mandamientos neo-machistas
x Danilo Castelli
1. Declare su apoyo (o más bien, que usted no se opone) a la igualdad entre varones y mujeres pero, en la práctica, haga poco y nada contra las situaciones de desigualdad que persisten.
2. Crea que para liberarse del condicionamiento machista que nos afecta desde la crianza, la relación con los pares, y la cultura... basta con declarar no ser machista.
3. Proteste su "igualismo" dando ejemplos de cómo "ayuda" con las tareas domésticas, cómo no golpea ni viola ni acosa mujeres, o cómo ha sufrido violencia de parte de mujeres y sin embargo no las condena en bloque.
4. Niegue cualquier tipo de relación entre los estereotipos de género y la violencia machista: no tienen nada, nada, pero NADA que ver, y quien dice que sí, es porque lo mueve el resentimiento.
5. No se ocupe de conocer nada de feminismo y luchas de género aparte de prejuicios y lugares comunes (feminismo = machismo al revés, feministas = lesbianas histéricas malcogidas). Esto incluye desconfiar de quienes nos señalen la necesidad de informarnos para opinar seriamente sobre el tema y tildar de "feminazis" a las feministas con una actitud demasiado militante para nuestro gusto.
6. Niéguese a ver la cuestión de género como problemática social, porque ya está en su mayor parte resuelta (derecho a votar y a manejar un auto) y lo que queda son casos personales o excepcionales. Un ejemplo: resista la figura de "femicidio" y aférrese a la de "crímenes pasionales". NOTA: Ante la cuestión de la violación, "empareje los tantos" con los casos donde el victimario es mujer e insinúe -con carpa, las feminazis están alerta- que ciertas actitudes femeninas promueven el abuso sexual.
7. Cambie el esencialismo negativo por esencialismo positivo. Las mujeres siguen siendo todas iguales, pero en vez de brujas son ángeles. El anverso de este mandamiento es reaccionar con mucha sensibilidad hacia la unicidad de cada individuo si la generalización va para el lado de los varones.
8. Nuestra versión de la no discriminación es declarar "todos somos humanos". Por lo tanto, no apoye medidas especiales que compensen el efecto de la discriminación, simplemente actúe como si ésta no existiera.
9. Reaccione con hostilidad o hartazgo al cuestionamiento radical de los roles tradicionales asignados tanto a mujeres como a varones. La igualdad de derechos ya es suficiente, que pretendan cobrar igual remuneración por igual trabajo vaya y pase, pero más que eso ya es extralimitarse. NOTA: Recuerde que usted está del lado normal; explote ese privilegio de manera elegante recurriendo al ridículo más que a la represión.
10. El patriarcado no existe, solo existen casos de machismo. La única injusticia sistemática que existe es la de los políticos corruptos que nos roban la plata (si usted es de derecha) o la del imperialismo y la burguesía (si usted es de izquierda). NOTA: Especialmente si usted es de izquierda, esfuércese por demostrar como las luchas de género y el feminismo tienen un efecto divisionista en la "verdadera lucha", y de cómo todo lo que piden las feministas solo será posible "después de la revolución".
jueves, 11 de octubre de 2012
viernes, 14 de septiembre de 2012
La política argentina más allá de lo K y lo antiK
x Danilo Castelli
No hay dos bandos en la política argentina, hay por lo menos cuatro.
1) Los gatos que compiten entre sí pero defienden sus intereses generales (Kirchner, Scioli, Macri, Alfonsín, Binner).
2) Los ratones que apoyan a un gato contra otro(s).
3) Los ratones indiferentes.
4) Los ratones que apoyamos los intereses generales de los ratones, y por lo tanto no apoyamos a ningún gato.
Yo soy de los ratones 4, e invito a los ratones 2 y 3 a que se nos unan. Va a ser difícil hacer un país y un mundo de, por, y para los ratones. Pero cuanto antes dejemos de pensar como gatos y de creer que mejor gato conocido que ratón por conocer, más cerca vamos a estar del objetivo.
martes, 7 de agosto de 2012
¿Qué hay detrás del rechazo a la feria "El Progreso"?
Ante el pedido del Centro Comercial de nuestra
ciudad, un grupo de ediles están dispuestos a tratar sobre tablas y “lo más
rápido posible” un proyecto que limite y controle rigurosamente el emplazamiento
y funcionamiento de ferias como “El Progreso” en todo el ejido de Villa Carlos
Paz. Esta rápida convergencia de intereses, que sorprende por su rapidez de
acción, se apoya en una serie de argumentaciones que, teniendo en cuenta
diversas situaciones y posicionamientos anteriores, reflejan varias y marcadas
contradicciones, las que al ser analizadas con un poco más de profundidad dejan
entrever la persistencia de prejuicios culturales todavía firmes en nuestra
sociedad.
Los argumentos en contra
En primer lugar, Jorge Fernández Campón, presidente
de la entidad comercial, subrayó que estas ferias manejan precios reducidos “porque
incumplen las leyes, con contrabando, trabajo esclavo, o robo de marcas, entre
otras situaciones.”
Si de verdad hay tanta preocupación por el “incumplimiento
de leyes, trabajo esclavo o robo de marcas”, nos preguntamos: ¿por qué no hay la
misma preocupación sobre la existencia de talleres clandestinos denunciada en
un conocido medio periodístico local, el cual hasta el momento no ha sido
objeto de una explícita y pública declaración condenatoria, ni tampoco de
acciones inmediatas para controlar y hacer cumplir las leyes correspondientes
en estos casos?[1]
Otro de los argumentos expuestos fue expresado por
el concejal de Carlos Paz Unido Hugo Bustos, quien señaló lo siguiente:
“La Salada no favorece a
la marca Carlos Paz, que está bien posicionada a nivel nacional. Darle a Carlos
Paz el destino de La Salada es mirar para abajo y no para arriba. Tenemos que
defender a los comerciantes locales.”[2]
Las palabras de Bustos, en primer lugar, aparentan
mostrar un fuerte rasgo de desprecio por lo popular, al expresar que “el destino de La Salada es mirar
para abajo y no para arriba.” Rechazar un emprendimiento comercial por “mirar
para abajo”, es decir, cuyo destinatario son los sectores populares, ¿no
significaría rechazar cualquier otro tipo de comercio que quiera implantarse
con semejante fin? ¿No implica, además, un severo perjuicio contra los
habitantes de la ciudad, impidiéndoles acceder a comprar mercaderías de forma
más económica? ¿No hay, por último, una actitud discriminatoria en esas
palabras?
Por otra parte, Bustos señala que esta medida tiende a “defender a los
comerciantes locales”. En este caso, hay un tratamiento desigual de parte del
actual gobierno con respecto a la feria El Progreso y a la posible instalación
de una sucursal de McDonalds en Villa Carlos Paz. Con respecto a esta última,
que también podría representar una amenaza económica a los comerciantes locales
como muchas voces críticas lo han señalado, sus principales responsables fueron
atendidos por el propio Intendente[3].
Lo más paradójico del caso, es que fue el propio Avilés en su época de
concejal, junto con las ediles Merlino y Gómez (de su actual partido), quienes
presentaron hace pocos años atrás un proyecto de ordenanza tendiente a fijar un
marco legal para regular la instalación de hipermercados y shoppings dentro del
ejido municipal. En sus fundamentos expusieron el grave peligro que
representaban este tipo de actividades comerciales de origen transnacional:
"Además, no se puede pasar por alto el hecho de que estas
multinacionales generan puestos de trabajo deficientes y afectan la producción
local de mercaderías"; añadieron, para luego completar: "Debemos
proteger a la gente de Carlos Paz, porque son quienes invierten sus ganancias
en la ciudad, mientras que estas empresas sacan estos capitales del país.
Nosotros creemos que es necesario fijar un marco regulatorio, para garantizar
la supervivencia de los comercios que ya existen en la ciudad".[4]
Prejuicios que refuerzan
desigualdades
Las contrariedades del discurso y la práctica política nos demuestran,
claramente, que existe una fuerte opinión en los representantes de la vida
política y comercial carlospacense sobre lo supuestamente benéfico y “bueno” de
las grandes inversiones de “calidad” (que ha conllevado acciones tales como el
proyecto de eximir de impuestos a futuros emprendimientos hoteleros de gran
categoría) y lo “malo” que representaría la instalación de una feria de ropas
en la ciudad cuyo principal destinatario son los sectores más vulnerables de la
comunidad, los mismos que se ven impedidos de acceder a las costosas
vestimentas que se ofrecen en buena parte de los comercios destinados a ese
fin.
Hasta el momento, los argumentos a favor del control, limitación y, en
ciertos casos, la prohibición de la radicación de la feria El Progreso se basan
más en prejuicios que en criterios concretos. Como vimos, la posibilidad de
radicación de los dos emprendimientos mencionados (la feria y McDonald’s) trae
consecuencias similares en el comercio local. Sin embargo, uno es bien visto,
mientras que el otro es denostado. ¿Por qué?
Sobre la feria El Progreso, pesa una visión construida mediáticamente
que se trata de un ámbito donde reina la ilegalidad y el empleo precario e
informal. Primero, no se han mostrado datos fidedignos sobre esto por parte de
quienes lo denuncian. Asimismo, y si ello fuese así, no es algo que caracterice
sólo a esta feria comercial. Como mostrásemos con el ejemplo de las fábricas
clandestinas que hay en la ciudad, la práctica de lo ilegal, como el empleo no
regularizado, la explotación laboral, la evasión fiscal, etc., se da con mucha
más frecuencia en el comercio local de lo que pensamos. Incluso, la propia
firma estadounidense ha sido acusada en varias oportunidades por hechos similares
en nuestro país.[5]
Por otra parte, la afectación al comercio local puede venir tanto de El
Progreso como de McDonald’s. Sin embargo, uno es recibido por el Intendente (y
sin voces oficiales en contra de la institución que representa a los
comerciantes locales), y el otro por una ordenanza y pedidos expresos para reforzar
los controles y limitar fuertemente su campo de acción. Sin dudas, creemos que
detrás de esta doble vara para medir a unos y otros se esconden profundos
prejuicios culturales de los sectores más pudientes hacia cualquier
manifestación relacionada con lo popular, los que, como en este caso, tienen
rápida respuesta del poder político.
Esperemos, pues, que nuestras autoridades recapaciten, dejen de lado
prejuicios que las pueden llevar a cometer actos reñidos con la igualdad de
derechos, y abran un espacio de debate mucho más amplio acerca de las características
de las inversiones que lleguen a la ciudad, siempre teniendo en cuenta que las
mismas deben posibilitar un beneficio no sólo a unos pocos, sino al conjunto de
quienes vivimos en Villa Carlos Paz.
carlospazdespierta@gmail.com
[1] “Los talleres clandestinos de Carlos Paz hacen la costura casi al 100%
de, por lo menos, una importantísima marca de venta de ropa por catálogo y
muchas marcas subsidiarias de otras más grandes. En el ambiente de los
fabricantes cordobeses, la plaza es conocida como la que tiene gran cantidad de
oferta de talleres y de distintas calidades en la costura.” En: http://carlospazvivo.com/carlos-paz/ciudad/10642-textiles-clandestinos-en-carlos-paz]
[2] http://www.carlospazinforma.com.ar/amplia_noti.php?id_noti=3970
[3]
http://www.carlospazvivo.com/negocios/10401-mc-donals-desembarca-en-carlos-paz
[4]
http://www.eldiariodecarlospaz.com/2010/abril/28_04_10/ab1028b.html
[5] “Detectan irregularidades laborales con adolescentes de McDonald´s”, en: http://www.lajornadaweb.com.ar/ampliar_noticia.php?id_noti=1102
lunes, 30 de julio de 2012
Por un modelo económico diversificado, sustentable e inclusivo para Villa Carlos Paz
José A. Casas
Profesor en Historia
El actual modelo turístico-rentístico
Cuando se habla de consensos en nuestra sociedad, uno de los paradigmas que emergen sobre el trono de lo indiscutido es el modelo turístico-rentístico sobre el que se sostiene la estructura socioeconómica de la ciudad. Sus orígenes históricos se remontan a un proceso iniciado gradualmente entre las décadas de 1910 y 1920, y consolidado en los años siguientes a través del fabuloso negocio de la tierra que posibilitó la afirmación de una poderosa burguesía comercial urbana y turística. Esta burguesía, que reemplazó como sector dominante a la burguesía rural de las grandes estancias, cimentó su posición en base a las actividades de servicios (hotelería, gastronomía, comercio) y la construcción; esta última permitió, a su vez, la emergencia de un grupo con gran peso en nuestra comunidad como el inmobiliario, cuyo factor de crecimiento se ancló desde entonces, fundamentalmente, en lo producido por la renta de los bienes inmuebles. De esta manera, la profunda y vertiginosa transformación que significó para la sociedad carlospacense su conformación como centro urbano estuvo ineludiblemente ligada al predominio de un modelo económico centrado en el turismo, sector cuyo dinamismo y capacidad de influencia política le permitió a sus principales actores sentar las bases de un proyecto verdaderamente hegemónico.
Básicamente, la hegemonía del sector turístico y rentístico se define por la gran preeminencia de un sector económico por sobre el resto, en un porcentaje tal que, de acuerdo a las cifras que han dado algunos de los pocos estudios que se conocen, alcanza para caracterizar a dicho modelo como virtualmente monoproductivo (de acuerdo al Plan Estratégico de Desarrollo Turístico Sustentable de Villa Carlos Paz presentado en el año 2009, el sector de servicios participa en el 82,76% del producto). Dicha preeminencia, además, se ha consolidado políticamente a través de una superestructura jurídico-institucional que, en su máxima expresión constitucional, ha definido a la ciudad como turística, de acuerdo al artículo 10 de la Carta Orgánica Municipal (COM). Esto es, a través del mandato de la COM -es decir, de forma jurídica y no sólo de hecho, como había pasado hasta entonces- el municipio ha debido seguir estructurándose institucional y económicamente en función de cumplir con este precepto nuestra carta magna local. Por ello, no debe sorprendernos que la configuración de los organigramas y presupuestos de los últimos gobiernos municipales sigan al pie de la letra el apuntalamiento de este modelo. Las importantes sumas destinadas a la secretaría de turismo y al CAPTUR, así como la tasa del 10% de promoción de turismo que pagamos todos con el impuesto que incide sobre los inmuebles, son un claro ejemplo de un aparato de poder político que tiene, en este sentido, una marcada direccionalidad en sus acciones.
Pero el mayor apoyo del Estado local está más en lo que deja hacer que en lo que hace. Más que las medidas y acciones que el municipio establece a favor de la hegemonía del modelo turístico-rentístico –las que a veces, incluso, pueden dirigirse en contra, debido por ejemplo a la acción ciudadana a favor de una mayor democratización de determinadas políticas municipales-, lo que más favorece a este último es la posibilidad de aprovechar sus “ventajas comparativas” en un contexto donde el Estado deja que el mercado decida qué sectores o grupos sociales obtendrán una mayor porción del producto interno. En este contexto, el mayor capital político, económico, social, cultural y hasta simbólico de los grupos dominantes locales les permite, en un marco de casi virtual ausencia de mediación estatal, captar la mayor parte de la riqueza social producida, lo que les asegura además el privilegio de acceder en forma más ventajosa que el resto a los bienes materiales e inmateriales más indispensables: tierra, vivienda, salud, educación, seguridad, justicia, etc.
Sus efectos económicos y sociales
Ahora bien, así como el modelo turístico-rentístico carlospacense presenta -como en todos los sistemas monoespecializados- en condiciones de funcionamiento óptimas importantes beneficios a la comunidad (cuyo mayor o menor alcance depende de los mecanismos de asignación de los recursos implementados), también origina una serie de dificultades y consecuencias sociales cuando dichas condiciones se atenúan, deterioran o bien desaparecen. Y los habitantes de esta ciudad conocemos muy bien estos procesos. Durante la temporada de verano –que se extiende dos meses, entre enero y febrero- la masiva concurrencia de turistas representa una formidable masa de divisas que entran a Villa Carlos Paz. Es el momento del año cuando se da la plena ocupación laboral, que posibilita la concurrencia de otros beneficios públicos, como el momento de mayor pago de impuestos y, con ello, el reforzamiento del fisco municipal para atender las múltiples demandas ciudadanas.
Sin embargo, tras el apogeo del verano, las expectativas turísticas se ven dramáticamente reducidas durante la “temporada baja”, quedando las mismas reducidas a las posibilidades que ofrecen en ciertos momentos del año determinados feriados o las vacaciones escolares de invierno. Si bien esas fechas brindan un refugio ante el larguísimo y duro “invierno” local, lo hacen con una intensidad y unos efectos mucho menores que los de la época estival. Por ende, en esos meses el panorama cambia abruptamente: se dejan sin efecto numerosos de los empleos semi-formales ofrecidos en el verano, razón por la cual familias enteras deben buscar otras oportunidades de supervivencia, que varias de ellas encuentran en los trabajos informales. Otras, menos afortunadas, sufren el flagelo de la desocupación o subocupación, mientras que otra parte de esa mano de obra desocupada trata de insertarse en el empleo público, o bien encontrar en la gran urbe próxima –Córdoba- un trabajo o emprendimiento más estable y seguro que el ofrecido en la temporada veraniega.
Estos desajustes económicos traen consigo, asimismo, profundas desarticulaciones sociales. La falta de certidumbre en el presente y futuro de los grupos familiares golpea muy duro en las relaciones de sus integrantes. El estrés provocado por la carencia de dinero, sumado a la imposibilidad de planear un futuro a mediano y largo plazo, va desgastando la convivencia y esperanzas de muchas familias. En ese contexto, las vías de escape a esa dura realidad contribuyen a provocar la desintegración de numerosas de esas unidades sociales, cruzadas por las separaciones, la violencia familiar y el flagelo de las adicciones, entre otros factores.
Por otra parte, la carencia de recursos también alcanza un fuerte componente político, pues deja a muchos ciudadanos en condiciones de vulnerabilidad ante las acciones clientelares de ciertos políticos de turno, que tratan de convertir de esta manera la necesidad de la gente en capital electoral. En síntesis, la hegemonía del modelo turístico-rentístico que el municipio contribuye a consolidar y expandir trae consigo, más allá de sus beneficios puntuales y temporales, profundas consecuencias sociales y políticas, donde los sectores dominantes de este campo económico, a través de diversos mecanismos formales e informales, logran concentrar la riqueza generada por el trabajo, mientras que gran parte de la población trabajadora debe padecer de diversas maneras la falta de una mayor y justa redistribución de ese ingreso que su trabajo y dedicación ayudan a capitalizar. Sin embargo, la injusta distribución del ingreso generado no es el único ni principal factor de este modelo.
Las desventajas del modelo monoproductivo
Diversos y numerosos estudios sobre el impacto que tuvo en América Latina la crisis desatada como consecuencia del crack de Wall Street a fines de 1929, han remarcado que las economías más golpeadas de esos países fueron aquellas que se hallaban escasamente diversificadas. En la mayoría de los países de América Central, el predominio de la monoproducción -en un contexto de globalización capitalista donde se hallaban insertos sus aparatos productivos y comerciales- los hizo sumamente vulnerables a los virajes en la demanda externa, pues no había otros sectores que tuviesen el mismo dinamismo para poder compensar la caída del sector dominante en determinados contextos, el más grave de todos iniciado a principios de los años ‘30. En cambio, economías más diversificadas, como las de Argentina, México y Brasil, pudieron enfrentar esta crisis en mejores condiciones, incluso aprovechando la misma para fortalecer otros sectores con menor desarrollo, como el industrial. Fueron los tiempos de los procesos de industrialización por sustitución interna (ISI), a partir de los cuales se empezaron a sentar las bases del futuro Estado de Bienestar que se instaló en esos países pocos años después y que significó la ampliación de la ciudadanía política, económica y social de las clases populares hasta entonces relegadas.
Teniendo en cuenta esto, vemos –y lo hemos comprobado más de una vez en las últimas décadas- que el cuasi monopolio turístico que tenemos en Villa Carlos Paz se halla expuesto, por las características de su orientación al mercado interno, a los vaivenes del panorama político y económico nacional (y, en menor grado, provincial). Por experiencia propia, sabemos que en épocas de bonanza económica, ese mercado interno se moviliza masivamente hacia los principales centros turísticos, generando grandes movimientos de dinero que son aprovechados por la población de estos lugares (como pasó en las últimas temporadas en Villa Carlos Paz). Pero, cuando llegan los tiempos de “vacas flacas”, la necesidad de ajustar los presupuestos familiares empiezan por los gastos considerados como no urgentes, y allí, para desgracia de las localidades turísticas, uno de los primeros afectados son los recursos destinados al tiempo de ocio y recreación. Son los momentos en que aparecen las temporadas flojas, que hacen que el largo invierno sea percibido y sentido más extenso que el que le sigue a un “buen verano”. Con menos trabajo e ingresos, las dificultades económicas de las familias trabajadoras se acentúan, así como los efectos antes descritos.
Pero así como la inestabilidad política y económica afecta al desarrollo turístico, también recae fuertemente sobre el campo de la construcción y el aprovechamiento rentístico de las edificaciones ya consolidadas. Por estos días, ya se pueden ver las consecuencias de un menor crecimiento de la actividad económica, que afecta en primer lugar a las fuentes de trabajo directo que origina esta actividad, y que de seguir proyectándose hacia los meses siguientes repercutirá decididamente sobre la oferta de alquileres y compra-venta de propiedades raíces, tal como ya ha ocurrido en las épocas más críticas de nuestra historia.
Y aquí es que entra en consideración el problema de la monoespecialización turística-rentística. Porque, justamente, la debilidad de los restantes sectores productivos locales hace que éstos no puedan convertirse en motores que atemperen el impacto negativo de una mala temporada. En el caso de la limitada industria existente, al encontrarse ésta tan vinculada a la demanda turística no puede evitar los efectos de esos períodos críticos; mientras que el resto de las actividades productivas alcanzan tan reducida escala, que pese a que muchas de ellas no necesariamente están ligadas a las fluctuaciones del principal motor de la economía local, no llegan a presentarse como una alternativa que satisfaga la demanda de trabajo y servicios que genera el modelo hegemónico vigente.
Abramos el debate para generar una alternativa
En definitiva, la economía local, al centrarse mayoritariamente en el campo turístico-rentístico, se encuentra fuertemente expuesta a las oscilaciones externas de las que depende su funcionamiento –y a las cuales no controla-. Si bien la proximidad del gran mercado de trabajo y oportunidades comerciales que es la ciudad de Córdoba atenúa el impacto negativo antes descrito, el propio empuje urbanístico y demográfico que caracteriza a nuestra ciudad sigue exponiendo la fragilidad e inestabilidad del modelo económico imperante. Cada año, cientos de nuevos habitantes se agregan al entramado poblacional de Villa Carlos Paz, de los que un porcentaje apreciable se incorporan a la demanda por el cumplimiento de los derechos cívicos previstos en la Carta Orgánica de la ciudad. Trabajo, vivienda, servicios públicos, educación salud, etc., son parte de las principales preocupaciones de los ciudadanos, muchos de los cuales lejos están de poder acceder al legítimo goce de los mismos (basta dirigirse a los medios de comunicación locales y comprobar esta aseveración). Esa imposibilidad, como vimos, está directamente ligada a una estructura productiva y comercial que prioriza la acumulación sobre la redistribución, en el marco de un Estado local que deja en manos del mercado la asignación de los recursos producidos por el trabajo de los carlospacenses.
Por ello, más que nunca se hace necesario un debate profundo sobre el presente y futuro de la estructura productiva local, que logre superar las principales deficiencias de la misma: monoespecialización, excesiva concentración de la riqueza, precariedad laboral, desempleo, un negativo impacto ambiental, y las consecuencias sociales y culturales de todas ellas (violencia familiar, adicciones, marginación, criminalidad, falta de identidad). En el proceso de construcción de esa alternativa, el debate debe ser lo más amplio y democrático posible, teniendo presente que ese nuevo modelo socioeconómico debe ser pensado para toda la población. Y, con esa meta principal, se pueden fijar los principales ejes de acción, como la diversificación productiva, una mayor redistribución de los ingresos, una estructura impositiva progresiva, el fomento al trabajo local, y la sustentabilidad ambiental. La ciudad no sólo está compuesta por los grupos más encumbrados del campo turístico y rentístico, sino por un conjunto amplio de sectores vinculados al trabajo en sus múltiples formas.
Retomando la Carta Orgánica Municipal, tenemos que tener presente que son varios los artículos que hablan de un desarrollo socioeconómico y socioambiental que posibilite el pleno cumplimiento de los derechos constitucionales de todos los carlospacenses. En ese camino por seguir, que es un deber y no una opción, la construcción de un modelo productivo diversificado, sustentable e inclusivo, es una meta imposible de seguir dejando de lado. No debemos olvidar que un Estado que se autoproclama democrático deja de cobrar sustento como tal cuando una buena parte de su población está desprovista de acceder a una vida digna y en respeto a los derechos humanos más elementales. Por ende, construir y aplicar las herramientas que hagan realidad el mandato de nuestras normas constitucionales no sólo conllevará al bienestar público, sino que también contribuirá a otorgarle contenido a esa DEMOCRACIA que tanto dolor y esfuerzo nos costó conseguir.
miércoles, 11 de julio de 2012
Por José Casas
Estoy harto del discurso neoliberal de nuestros funcionarios y buena parte de los comunicadores sociales de esta ciudad. Nuestra querida Villa Carlos Paz no es una "marca" ni un "producto", sino una comunidad de personas que sueñan, trabajan, ríen, sufren, lloran y viven tratando de hacer de esta tierra un mejor lugar para todos. Tampoco los gays son un "segmento", sino seres humanos como cualquier otro, que merecen ser apreciados por su humanidad y no por ser una fuente de dinero. Y el turismo anhelado por varios, el del "sector ABC 1", es el de la miserable clase dominante que además de no gastar un mango de tan miserables que son, no vendría a una ciudad que se construyó alrededor del turismo popular. Para los que no lo saben, en una época tuvimos el turismo aristocrático que algunos sueñan traer a la villa con proyectos tan delirantes como la baja de impuestos para emprendimientos hoteleros de 4 y 5 estrellas. ¿Y saben qué? nunca tuvo ese turismo selecto el rol dinámico y transformador que alcanzó el turismo de masas iniciado a mediados de la centuria pasada. Nuestra comunidad alcanzó su rasgo turístico no por un turismo de "clase alta", sino por el aporte de los trabajadores que, como habitantes y turistas, forjaron la gran ciudad en la que vivimos. En definitiva, la deconstrucción de este discurso apela a que no sigamos aceptando una mirada que nos cosifica y nos convierte en un simple valor de cambio. Rescatemos el valor que tenemos como seres humanos y los principios que nos llevan a sentirnos más cerca y actuar en favor del otro, porque una sociedad justa para los carlospacenses no se construye a partir del individualismo competitivo que triunfa sobre el "fracaso" de su semejante, sino que se erige y se consolida a partir de la solidaridad y la cooperación desinteresada de todos los vecinos.
miércoles, 20 de junio de 2012
Las consecuencias anti-sociales de la pacatería sobre la prostitución
Por Danilo Castelli
Vengo de una charla que se hizo esta noche (organizada por el Ejército de Soñadores) sobre la nueva ley "contra la trata". Expusieron Liliana Montero legisladora provincial por el Frente Cívico, Carlos Vicente asesor jurídico del Concejo de Representantes de Villa Carlos Paz, y Eugenia Aravena secretaria general de AMMAR (Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina) en Córdoba. De las exposiciones y el debate que siguió saco las siguientes reflexiones.
La "ley de trata" de Unión por Córdoba, aprobada por una Legislatura con mayoría levanta-manos, es un síntoma más de la política delasotista de hacer sacar leyes sobre temas sensibles (siempre guiándose con encuestas) en el marco de su proyección presidencial. Esta ley está lejos de desbaratar las redes de trata (que no podrían existir sin la complicidad de políticos, jueces y comisarios); su único efecto práctico es cerrar whiskerías y cabarets y empujar a las prostitutas más profundo en el mundo de la ilegalidad, a la merced de las mafias.
En Argentina hay una gran hipocresía social y política sobre el tema de la prostitución. El "abolicionismo" del Estado argentino funciona en los hechos como prohibicionismo, porque para para abolir efectivamente la prostitución es preciso eliminar o por lo menos reducir bastante las razones que llevan a una mujer o una persona trans a optar por la prostitución como estrategia de supervivencia: exclusión social y discriminación. El estigma moral que pesa sobre las prostitutas, a su vez, agrava aun más esta situación de exclusión social y discriminación. A esto hay que sumarle el hostigamiento permanente que reciben por parte de la policía las mujeres y trans que se prostituyen independientemente. Este hostigamiento las empuja a hacerse explotar por proxenetas a cambio de "protección". Exclusión social, discriminación, estigma moral, abuso policial, y reforzamiento del proxenetismo: estos son los únicos méritos del "abolicionismo" argentino (y lamentablemente algunas feministas "abolicionistas" le hacen el juego).
Quienes ponen un signo igual entre prostitución y esclavitud sexual no dicen o no tienen en cuenta que la trata de personas también se hace para la esclavitud laboral en minas o en talleres textiles clandestinos, y sin embargo a nadie se le ocurriría asociar trata de personas con minería o con la industria textil. Quienes mezclan trata de personas con prostitución están contribuyendo a invisibilizar la trata de personas para otros fines y en vez de aportar claridad aportan moralina.
Quienes se indignan con que las prostitutas se agremien y exijan ser tratadas como trabajadoras sexuales, contribuyen a reforzar el estigma social que pesa sobre las prostitutas (que, como dijo Eugenia, tienen que estar pidiendo perdón por existir todos los días) y son funcionales a quienes quieren seguir excluyendo su voz y voto de las políticas públicas que se les aplican. Quienes consideran a las prostitutas como víctimas que necesitan que las rescaten, están cayendo en una "discriminación positiva" y así impiden que sean consideradas como personas autónomas y sujetos de derecho.
Acepto que moralmente puede hacer algo de ruido considerar a la prostitución como trabajo, pero hoy no creo que haya una alternativa superadora para crear un marco legal que proteja a las personas que optaron por esa estrategia de supervivencia. AMMAR no fomenta la prostitución y es más: tiene programas propios para prostitutas que quieren dejar de serlo. Esos programas se los bancan ellas sin ayuda ni del Estado ni de las ONGs que se rasgan las vestiduras cuando escuchan o leen las palabras "trabajo sexual".
Apoyo la decisión del ejecutivo municipal y de algunos concejales de no adherir a esta estúpida ley provincial (que para colmo extiende las facultades represivas de la policía provincial y el anticonstitucional código de faltas, que es una legislación de apartheid), apoyo la gestión de AMMAR para una ley nacional que acabe de una buena vez con las injusticias derivadas de la hipocresía, y es necesario que se hagan muchas más actividades concientizadoras como ésta, pues vivimos en una cultura muy enferma de prejuicios e ignorancia (y sobre todo ignorancia voluntaria, no ignorancia por falta de medios).
Por último, también creo necesario reflexionar, como lo dijo la última vecina que habló, que esto sucedio porque De la Sota tiene una mayoría parlamentaria que le vota lo que quiere. El ex intendente Carlos Felpeto, siendo legislador de la UCR por Punilla, también votó a favor de este mamarracho. Estoy a favor de que la gente aplique más inteligencia a la hora de votar, pero esto también requiere construir una nueva alternativa política o reforzar las que ya existen.
lunes, 18 de junio de 2012
Periodismo e ideología
Por José Casas
Cuando se habla de ideología en comunicación social, un tema central es definir cuál es el concepto a partir del cual se entiende la información. En el caso de aquellos que sostienen que ésta es una mercancía, no caben dudas de que su adhesión ideológica esté relacionada con los tipos de pensamiento que promueven, por ejemplo, la hegemonía del mercado como mecanismo de resolución de las problemáticas sociales. En el lado opuesto, quienes defendemos la idea de que la información es un bien social sabemos que ello implica un compromiso de construcción y difusión democrático de la misma, donde lo monetario no determinará la agenda que guiará nuestra actividad periodística.
Ahora bien, en una de sus últimas ediciones el semanario Bamba ha puesto en tapa un debate sobre el periodismo local, bajo el siguiente título: “Día del Periodista: Informar y/o vender”. Hace tiempo que sabemos que hay varios comunicadores de nuestra ciudad que han hecho toda una carrera en base al segundo de los postulados, aunque –por lo menos de mi parte- nunca los había escuchado confesarlo tan crudamente…
Hasta hoy.
El conductor Ricardo Bissio, entrevistado por El Bamba, expresó que los candidatos a intendente en las últimas elecciones llevadas a cabo el año pasado tuvieron la posibilidad de hacer escuchar sus propuestas en su programa, siempre y cuando hubiesen llegado a un arreglo comercial con él: «Todos tienen compromisos directos o indirectos. En las campañas fueron todos a mi programa menos Curvino porque no llegamos a un arreglo comercial.” (ver: http://www.elbamba.com/secciones/interes-general/dia-del-periodista-informar-yo-vender/). Lo más curioso del caso, es que siguió diciendo: “La gente sabe que no tengo preferencia por ningún partido, trato de ser imparcial.” De esta manera, la imparcialidad bissiana entra en el difuso límite que trata de imponer el mercado que él mismo cree dominar, donde lo imparcial está dado entre quiénes sí ponen el dinero para ser escuchados. Y es aquí donde justamente entra a jugar lo velado de su parcialidad, pues al definir que el dinero fija el derecho de quienes quieren que se conozcan sus propuestas, es claramente parcial en cuanto le quita la posibilidad a aquél que no puede o no quiere llegar a un acuerdo semejante.
Pero eso no es todo. Antes de haber respondido con estas frases, había anticipado “mantenerse aislado de ideologías y «decir lo que quiere»”. Como lo hemos expuesto anteriormente, su accionar forma parte de una concepción ideológica que, por no ser explicitada, no quiere decir que no esté presente e incorporizada. En ese campo, su lógica mercantil de la información le permite creer que dice lo que quiere decir, porque es él y no el auspiciante el que impone las reglas de la relación comercial y periodística. Por ende, lo que trata de hacer aparentar como imparcialidad no es otra cosa que un acto de claro posicionamiento, donde fija parcialmente y de acuerdo a sus intereses qué, cómo, cuándo se va a decir lo que él quiere que se diga o se haga escuchar.
¿Quién domina a quién?
El pensamiento de Bissio nos ayuda a entrar a uno de los principales problemas que enfrentan los comunicadores locales: la independencia a la hora de fijar contenidos con respecto a los auspiciantes privados y públicos. En sintonía con Bissio, Santiago Solans, de El Diario, hace referencia a que su medio ha logrado “cierta independencia económica que permite articular, ampliar el esquema donde se juega […].” También en ese sentido parece expresarse Jorge Perea, conductor y productor de VCP Hoy, al afirmar que hay casos en que se decide que el contenido esté determinado por negocio o por la pauta pública, pero que no es su caso. En todos estos casos, los entrevistados dejan entrever que la precariedad de muchos emprendimientos hace que los mismos estén expuestos por la pauta publicitaria a condicionar los contenidos que dan a conocer, mientras que ellos, debido al éxito comercial que tienen, disfrutan de esa supuesta independencia económica que los libra de ciertas influencias de políticos o empresarios. Es decir, repiten el mismo concepto de Bissio: el éxito comercial los pone a resguardo de cualquier influencia económica o política, siendo la mejor garantía de su libertad para expresarse como quieran.
Más allá de todos los debates que pudiesen surgir de estas definiciones, hay algo que no retrotrae al título que impulsa el informe de El Bamba: al lograr la independencia económica, estos medios ¿informan o venden? Como dije al principio, el primer postulado hace referencia al compromiso social con la información; en el segundo, prima ésta como una mercancía a ser comercializada. En el caso de Bissio, sus palabras lo llevan a confesar que lo monetario fija su agenda informativa. En los otros surge la pregunta cuando accedemos a sus medios y observamos “notas chivos” donde, por ejemplo, nos muestran una entrevista a algún arquitecto de un futuro edificio al que la mayoría nunca vamos a tener la posibilidad de adquirir lo que ofrecen. En este contexto, es que nos preguntamos: ¿cuál es la importancia social de lo que se nos muestra a través de este tipo de noticias? Por supuesto, ninguna para la mayoría, pues el verdadero interés radica en la venta de esa información, porque en gran parte de lo que se trata es de conseguir del beneficiado por su difusión pública un futuro acuerdo publicitario. Mecanismo sutil, velado, invisibilizado de varias formas, pero que suele llegar en determinados casos a su más violenta expresión: la extorsión. ¿O cuántos comunicadores de la ciudad van a negar los ejemplos que conocen de medios que, para obtener una jugosa pauta publicitaria del municipio, indagan, escarban, manipulan y difaman a los funcionarios de turno (lo que la jerga periodística llama “pegar”) para negociar en las mejores condiciones posibles? Una vez logrado el objetivo, las tapas y editoriales cambian el eje y el tenor de sus miradas, volviéndose las mismas más contemplativas y concordantes con la acción gubernamental. Y, paradójicamente, es esto lo que nos quieren vender como la independencia que tienen a la hora de escribir y opinar. ¡Claro, si ya el consenso quedó establecido a través del mecanismo publicitario! Una vez que se paga, todo discurre por la aparente ilusión de que lo que decimos es lo que se nos antoja, mientras la autocoacción termina de hacer el resto. Para ellos, pues, la realidad que construyen –pero que muchos de ellos niegan que lo hacen, pues nos quieren hacer creer que “reflejan” una realidad única e inmutable- pasará por la buena acción del gobierno, lo beneficioso del nuevo edificio de veinte pisos a estrenar, las carteleras de teatros que vendrán en el verano, lo importante que son los proyectos de nuestros concejales, los detalles de algunos comicios vecinales que no salieron del todo bien, etc., etc. Lo malo, eso sí, provendrá de quienes se hayan atrevido a no darles ningún aporte financiero: ese funcionario que no los recibe, esa institución que no acepta pauta publicitaria, o ese político con el que nunca se puede acordar nada.
La falsa máscara del periodismo independiente
Pero así como el periodismo que vende información lejos está de actuar con independencia de criterios, también lo estamos quienes adscribimos al compromiso social con la información. Justamente, porque definimos a dónde vamos (la construcción de una sociedad justa para todos), es que no escondemos qué intereses nos mueven. El dinero, necesario para el sostenimiento de cualquier emprendimiento de este tipo, sólo sirve para eso: es un medio, pero nunca el fin último de lo que hacemos. Porque, en definitiva, lo que no existe es la independencia de criterios, sino la adhesión a cierto postulado ideológico, al cual adherimos de manera consciente o inconsciente. El hecho de que determinado medio puede ajustar su opinión o selección de contenidos a alguna/s pauta/s publicitaria/s no lo hace menos dependiente que otros que se golpean el pecho para, según ellos, decir lo que se les antoja. Todos, de un lado o del otro, estamos condicionados en lo que pensamos, decimos y/o hacemos, a través de múltiples y complejos mecanismos que operan de forma imperceptible, ayudándonos a construir una madeja de significados que nos permiten interpretar los hechos de la manera que más nos conviene –aún a costa de mentirnos hasta nosotros mismos- a fin de mantener un determinado estatus o posicionamiento dentro del campo periodístico.
En el caso de quienes venden información, sus principales adalides nos quieren hacer creer que por ser su objetivo último lo económico son independientes de lo político. Sin embargo, cuando construyen la información, seleccionan lo que se les antoja difundir, y opinan de todo lo que quieren opinar, no están haciendo otra cosa que política, porque detrás de todo eso hay una forma de ver, entender y practicar la vida. Y eso, precisamente, se llama ideología, la matriz de la política misma. ¿O van a decir que una mesa de café, en un medio autodenominado independiente, no es un hecho político, cuando opina e influye en la construcción de una determinada opinión pública?
Ya es hora de dejar atrás ese viejo y nefasto concepto del periodismo independiente, que aparece una y otra vez en forma subrepticia en muchos debates y análisis acerca de los problemas que afectan a la profesión. De allí que el dilema no sea informar y vender, sino informar o vender. Porque el periodismo, como todo otro oficio, se basa en una finalidad social, que no por esto deja de tener en cuenta el aspecto económico; se puede ganar más o menos dinero, pero nunca dejar de ser lo que se es. Cuando algunos anteponen el dinero al mandato de la profesión, lo que nos quedan son mercenarios de su información, que antes que periodistas bien vale llamarlos propagandistas. Se trata, en resumen, de una cuestión ética, la misma que empuja a los médicos a hacer su juramento hipocrático, en donde ponen su capacidad al servicio del bien común antes que cualquier apetito egoísta. El control de la información no es una cuestión inocua; puede movilizar a grandes cantidades de ciudadanos tras un ideal, y con ello controlar la vida misma de quienes reciben ese flujo de datos, opiniones y análisis.
Hoy, más que nunca, no podemos seguir mirando a otro lado, evitando nuestras responsabilidades como comunicadores sociales. Podemos tener distintas visiones, distintitas ideologías, pero no podemos mostrarnos indiferentes a lo que pasa. El periodista es también un ciudadano, pero para hacerle nombre a ese título tiene que conjugar lo mejor del mismo: pensamiento crítico, honestidad, responsabilidad y cientificidad en los argumentos. Ser independiente no puede significar nunca ser apolítico, estar “afuera” de lo que pasa a su alrededor, porque, como decía Rodolfo Walsh, independiente es sólo un club de fútbol.
martes, 12 de junio de 2012
La hipocresía del puritanismo cordobés
Por José Casas
En estos últimos días se acrecentó el debate público acerca del Proyecto de Ley sobre Trata de Personas y Explotación Sexual presentado a la Legislatura por el gobierno de José Manuel De La Sota. Siendo éste un flagelo social que afecta a numerosas mujeres, es sin dudas saludable que las autoridades provinciales se aboquen a dar solución a este gravísimo problema, el cual ha cobrado notable actualidad en parte debido a la lucha emprendida por Mariel Trimarco, madre de Marita Verón, secuestrada y aún hoy desaparecida por causa de los responsables de una red de trata.
Pero lo que es una legítima iniciativa puede, sin embargo, llegar a tener en la práctica efectos que no sólo no logren avanzar en este propósito, sino que además –y esto es mucho más preocupante- es muy posible que se desencadene un agravamiento del problema que se pretende erradicar. Esta última consideración que hacemos parte luego de que se conociera uno de los objetivos de la metodología implementada, el cual tiende a penalizar los lugares donde se ejerce la prostitución: “[…] clausurar en todo el territorio provincial las whiskerías, cabarets, clubes nocturnos, boîtes, o establecimientos y/o locales de alterne y prohibir la instalación, funcionamiento, regenteo, sostenimiento, promoción, publicidad, administración y/o explotación bajo cualquier forma o modalidad, de manera ostensible o encubierta, de los establecimientos mencionados, en toda la provincia.”
Por lo que se puede observar, queda claro la intención del gobierno provincial de asociar el fomento de la trata de personas para fines de explotación sexual con la actividad que se ejerce en sitios que, más allá de sus denominaciones, promueven la oferta de sexo por dinero. Es decir, el proyecto de ley aprobado por la Unicameral no disocia trata de trabajo sexual, lo cual contribuye a criminalizar no sólo a quienes -más allá de cómo se los llame (proxenetas, madamas, etc.)- disponen de la integridad física de aquellos que, en mayor o menor medida, se hallan desprovistos de su libertad de elección y/o movimiento, sino también a quiénes ejercen libremente su elección de comerciar el uso de su cuerpo. De esta forma, al no quedar claro cuál es la relación directa existente entre una y otra cosa, nos permitimos sospechar que, en el fondo, son otras las cuestiones que alientan este tipo de medidas. En efecto, es posible comprobar una cierta avanzada moralista y represiva detrás de una justa causa, abonándose de esta manera un terreno sumamente fértil sobre el que pareciera se quiere construir, en base a la legitimidad de origen de la causa, un determinado consenso para tratar de imponer a la sociedad determinadas pautas, valores e instituciones culturales que deben normativizar y controlar las disposiciones que tomamos sobre nuestros cuerpos. En este sentido, se pretende penalizar una de las formas posibles en que cada individuo puede, siendo natural y jurídicamente dueño de su propio cuerpo, introducirse en los diferentes campos o ámbitos de la sociedad que le permitan obtener recursos a través de la comercialización de su capital más valioso: su estructura corporal.
Varios investigadores han analizado cómo diversos grupos sociales llevan a cabo distintas actividades relacionadas con la comercialización de sus cuerpos. Una de las investigaciones más reconocidas es la que llevó adelante el sociólogo Loïc Wacquant sobre el oficio del boxeador, donde explica de qué forma estos deportistas se insertan en este campo laboral disponiendo de su propio medio de producción –su cuerpo- para obtener los bienes económicos necesarios para su subsistencia -y la de su grupo familiar, si lo hubiere-. Asimismo, esta disposición del cuerpo como mecanismo de obtención de recursos se da en numerosos ámbitos de actividad más allá de lo deportivo; por ejemplo, el campo teatral conocido como “el teatro de revistas” suele emplear a numerosas mujeres, cuyo mayor capital es la constitución de un ideal de cuerpo femenino que, en la medida que logran sobredimensionar aquellas partes del mismo relacionados con el deseo sexual, ello les permite ir captando cada vez más los recursos que pone a disposición el “mundo del espectáculo”. Esto, por supuesto, logra en gran parte explicar el fenomenal negocio de las cirugías estéticas que afecta a esta actividad, las cuales deben entenderse como estrategias de acumulación de capital físico sobre el principal medio de producción que tienen aquellas mujeres que logran, una vez reconocidas como protagonistas de este campo, ser consideradas bajo el estatus de “vedettes”.
Pero, y como ya lo remarcara Emma Goldman -una de las mayores defensoras de los derechos femeninos-, hay formas más veladas –y socialmente aprobadas- de utilizar el cuerpo como medio de ascenso social. Lo estético en sí constituye un valioso capital como medio de acumulación económica, muchas veces más preciado que la capacidad profesional, la experiencia y/o determinados valores asociados a la responsabilidad, la honestidad y la solidaridad en la obtención de empleos, puestos jerárquicos y/o aprobación de recursos para diversos tipos de emprendimientos. En este punto, Goldman hacía referencia al matrimonio forjado por conveniencia, donde al estar ausente o relegado el lazo afectivo (amor) la decisión de la mujer –en una época donde los derechos femeninos se hallaban ampliamente relegados- estaba directamente relacionada con la posibilidad de alcanzar un determinado nivel de vida sometiendo su cuerpo a dicha institución. Mucho tiempo ha pasado y mucho por suerte se ha avanzado en los derechos de género, pero aún hoy sigue vigente –tanto para mujeres como para hombres- la posibilidad de ofrecer su capital físico como medio de alcanzar una calidad de vida imposible de acceder por diversas vías, sin que ello amerite la sanción social y, en ciertas situaciones, penal –como en el caso actual del gobierno provincial con respecto a la prostitución- de tales prácticas.
Entonces, es aquí donde nos preguntamos: ¿por qué se pretende criminalizar la actividad de quiénes, de forma libre y pública, deciden comercializar el uso de sus cuerpos sin ser forzada/o a ello? ¿Qué otras razones puede haber tras la clausura de aquellos lugares que visibilizan la oferta de sexo por dinero, y que justamente allí es donde mejor se puede ejercer el control sobre la actividad, defendiendo los derechos de quienes ejercen el oficio de la prostitución libremente y reprimiendo a aquellos que se apoderan de los cuerpos de quienes no optaron por esta actividad?
Intenciones últimas
Como vemos, el proyecto elaborado por el Ejecutivo provincial tiene como una de sus máximas aspiraciones la penalización de los lugares donde se materializa de forma visible el comercio sexual. En vista de ello y de los argumentos que se han expuesto, es que uno se pregunta: la criminalización de la prostitución visiblemente ejercida, ¿es un medio para combatir la trata, o bien la lucha contra la trata es un medio para combatir, como fin último, una forma de ejercer la prostitución? Y si así fuese, ¿qué objetivo político último tendría consigo este proyecto?
No hace falta ser un erudito en ninguna ciencia social para darse cuenta que hay numerosos casos en la historia de la humanidad en donde este tipo de sanción penal contra una actividad social relacionada con lo que una literatura puritana ha solido denominar como “vicios” del cuerpo, ha fomentado el agravamiento del problema que supuestamente se quería abolir. No hay que adentrarse tanto en el tiempo para recordar la famosa “ley seca” sancionada en Estados Unidos, que pretendió terminar con el flagelo del alcoholismo. Las consecuencias que tuvo esta medida abolicionista fue el desarrollo de una amplia red ilegal que funcionó gracias a la colaboración entre las mafias y la corrupción política y policial, la que además de no dar ningún tipo de solución al respecto, agravó el deterioro cultural de la sociedad estadounidense.
Pero no sólo hubo ley seca para el comercio del alcohol; también hubo leyes que muchos puritanos norteamericanos lograron aprobar para prohibir las casas de meretrices, en función de resguardar la “salud moral” de la población. También, en este caso, el remedio fue peor que la enfermedad, pues como señala Emma Goldman ello alentó el comercio ilegal y la trata de mujeres para su explotación sexual: “Las pupilas antes relativamente amparadas en los meretricios, por representar ellas cierto valor monetario, se encontraron en la calle como presas indefensas en las manos del policía groseramente codicioso. Desesperadas, necesitando que alguien las protegiera amándolas, les fue muy fácil caer en los brazos de los proxenetas, uno de los productos más genuinos de nuestra era comercial. De ahí que la modalidad social del proxenetismo no fue más que una excrecencia natural de las persecuciones de la policía, de las bárbaras puniciones y el intento siempre frustrado de suprimir la prostitución. Sería absurdo confundir esa faz moderna de los males sociales con esta última.”
Goldman, quien además debía luchar contra los prejuicios machistas que caracterizaban el movimiento libertario, expuso como poco/as las razones últimas de las elecciones que llevaban a cada mujer a optar por lucrar con su cuerpo. De acuerdo a sus argumentaciones, esto era parte del mismo proceso de explotación capitalista, que ofrecía a mujeres en situaciones de fuerte vulnerabilidad mayores dividendos a través de este tipo de actividad que la mísera remuneración que obtenían a través de largas y extenuantes jornadas de trabajo –siempre que se pudiese acceder al mismo-. Para miles y miles de trabajadoras estadounidenses, en una época donde la mujer era considerada como un ser inferior al hombre, su cuerpo terminaba siendo la mejor opción de supervivencia y de alcanzar un mejor nivel de vida. En estos casos, la suerte dependía de lo que más se apreciaba en ella, su capital físico-estético; por ello, las vías posibles de salida de la marginalidad y la precariedad e inseguridad laboral eran el matrimonio o la prostitución institucionalizada.
Esta argumentación, que entiende la práctica del meretricio como estrategia de supervivencia para muchas mujeres que se encuentran en contextos de pobreza estructural, sigue siendo tan actual como en esos tiempos, en medio de una sociedad que, pese al mejoramiento de los índices socioeconómicos en esta última década, sigue siendo en muchos aspectos marcadamente desigual, no sólo a nivel de ingresos, sino también de derechos de género. En este aspecto, y tal como lo demostró un estudio de la Fundación Ciudadanos 365 [ver La Jornada, edición domingo 26/II/2012], en Villa Carlos Paz, por ejemplo, todavía subsisten desigualdades en el acceso a bienes que van en contra de la población femenina: “La tasa de empleo entre los hombres concentra los mayores porcentajes (valores entre 90 por ciento y 95 por ciento) entre los 25 y 54 años, mientras que en las mujeres se los observa (valores cercanos al 70 por ciento) entre los 25 y 49 años.”
Sin embargo, esta relación entre pobreza y prostitución no ha sido tenida en cuenta por el gobierno. Como lo han denunciado las integrantes de la Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina (AMMAR) en Córdoba, a través de este tipo de medidas el gobierno provincial desconoce a quienes practican la prostitución de forma libre como trabajadoras, en plenitud de ejercer sus derechos como tales. Tal como sostiene el politólogo Eduardo Avalle, “[…] es un sector que se organiza y reclama por sus derechos. Ha expuesto a la sociedad que la prostituta tiene hijos que alimentar, una casa que mantener, tiene horarios laborales, uniformes de trabajo, prácticas sanitarias, condiciones de salubridad, se educa, se forma y organiza como cualquier otro trabajador.”
Todas estas consideraciones, por desgracia, parecen estar ausente dentro de un proyecto que, siguiendo los parámetros que este gobierno ha establecido sobre cómo velar por la seguridad de los ciudadanos, tiende a hacer prevalecer lo represivo por encima de cualquier medida preventiva. De este modo, al no hacerse cargo de su ineficacia como agente promovedor del desarrollo social que impida la denigración que significa asumir este tipo de prácticas, el Estado opera el traslado de la responsabilidad por esta situación hacia la sociedad, utilizando una cuestión de alta sensibilidad popular (la trata) que, mediante hábiles estrategias propagandísticas que eluden un análisis profundo y crítico del tema, le posibiliten lograr el apoyo social necesario (acumulación de capital político) para seguir legitimando la continuidad de su proyecto de gobierno. En efecto, la prostitución, como la inseguridad y el narcotráfico, son flagelos sociales que según la gestión delasotista están lejos de su responsabilidad, por lo que sus causas son atribuibles a aquellos individuos que “optan” por la vía de la ilegalidad. De nuevo, y como ya lo expresáramos en un trabajo anterior, el argumento oficial se basa en el más puro individualismo metodológico, el mismo que se utiliza desde cualquier marco referencial ligado al neoliberalismo para dar explicar el éxito o fracaso en la inserción social de los individuos.
Y es aquí, precisamente, cuando acuden otras interpretaciones que ayudan a consolidar esta clase de posicionamiento político. Así como Claude Meillasoux demostró que en épocas de crisis económicas los Estados del primer mundo toleran –y, en muchos casos, fomentan- la acción de grupos de extrema derecha que exigen y llevan a cabo actos violentos contra los inmigrantes para que se vayan del país como método de control del desempleo y desviación de las causas reales de tal estado de situación (algo que se ve perfectamente hoy en Europa), en la Córdoba actual el recurso al puritanismo –y, con ello, el apoyo que se obtiene de los grupos que se identifican con este principio- que apela el gobierno como medio de combatir la trata parece ir en línea con un proyecto político que, tras las aparentes buenas intenciones, invisibiliza las inequidades de un orden socialmente injusto, terreno fértil desde el cual se fomenta este tipo de prácticas. Por ello, tendemos a creer que más que combatir la trata, lo que en verdad se pretende a través de este proyecto es ejercer un mayor control social sobre la población, lo cual fortalece el proceso que se viene verificando de una mayor injerencia del aparato represivo del Estado como mecanismo de resolución de los conflictos sociales. En este sentido, pues, trata y prostitución son la misma cara de una moneda que cae siempre del mismo lado.
En definitiva, esto quizás justifique lo que la historia misma una y otra vez nos ha mostrado: la segura derrota de quienes buscan remediar los problemas sociales enfrentando las consecuencias y no sus causas. Porque más que buscar la definitiva solución, la represión como respuesta política sigue demostrando no sólo la incapacidad de hacer cumplir los derechos que todo habitante tiene garantizado constitucionalmente, sino también la pervivencia de un proyecto político que no se cansa de castigar a quienes se hallan en los límites o decididamente afuera del sistema, despojándose de toda culpa al transferirle a ellos mismos la responsabilidad de los males sociales que lo afectan. De esta forma, el neoliberalismo cordobés sigue su marcha, bajo el manto populista de medidas descontextualizadas que logran un gran sustento político mediante el hábil recurso de eslóganes y campañas mediáticas de fuerte impacto emocional, cuyo fin último es nublar cualquier atisbo de reflexión crítica que cuestione la efectividad real de tales disposiciones.
Por una respuesta integral
La trata, repitámoslo una vez más, debe ser condenada y combatida; pero, cuando sabemos de antemano que las medidas que se proponen lejos van a estar de dar respuesta a esta demanda, es nuestra obligación no callar y alentar la toma de medidas de fondo que vayan a la raíz del problema. Como ya dijimos, el velo puritano que envuelve el cierre de los locales donde se lleva a cabo el comercio sexual muy lejos está de ser una medida efectiva para poner fin al tráfico sexual femenino; todo lo contrario, su aplicación va a empeorar la situación de muchas más mujeres, que se encontrarán sometidas a una práctica realizada al margen de la legalidad, fuera del control del Estado y hallándose en manos de las futuras redes mafiosas que controlen el comercio ilegal de la prostitución. Será entonces cuando el reino de la hipocresía se imponga una vez más, donde funcionarios y una ciudadanía cómplice se regocijen de creer que al no verse esos sitios de “perversión”, hayan logrado que tanto la prostitución como la trata se transformasen en un nefasto recuerdo. Mientras tanto, en los lugares más oscuros de esa parte de la sociedad que se niega a reconocer, el grito desesperado de las mujeres esclavizadas se perderá como nunca en el más doloroso espacio vacío, mil veces negado por un Estado que las condena y mil veces olvidado por una comunidad que prefiere creer en las promesas de un “mundo feliz” sin fantasmas que la atormenten.
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